miércoles, 25 de febrero de 2009

Mabel en el Sahara

Jamas pense que conoceria el Sahara. Cuando sali de Mexico, jamas paso por mi cabeza la idea que lo conoceria. Al llegar a Timbuktu, y saber que estabamos en la mera puerta del desierto no lo podia creer. Las calles de la ciudad son completamente de arena, es como estar en una ciudad con puerto, pero sin playa. El clima es seco y con mucho, mucho calor.

La idea de subirme a un camello por 4 horas me emciono mucho al principio, pero al pensarme ahi arriba con los movimientos del animal, despues de 24 hrs de camino y sabiendo que la salida de Timbuktu iba a ser igual de dura, decidi caminar por la arena del sahara en lugar de subirme a un camello, ademas que eso implicaria pagar guias, tour, etc y ya estamos un poco hartos de eso. Mejor preferimos ser independientes y caminar aunque sea 20 min adentro, pues obviamente mas no puede ser....

Drasticamente, al finalizar Timbuktu empieza la arena blanca. Muy fina, suave y blanquisima. Me quito los zapatos pues la sensacion de sentir la fina arena es irresistible. En el silencio del Sahel -Sahara es cuando ya no hay nada de vida, antes se llama Sahel- solo se escucha el viento y la risa de unas ninias que nos vienen siguiendo. Al principio nos molesta un poco que nos sigan pues queremos un momento de paz aprovechando ese silencio tan mistico, pero la compania se vuelve muy grata con el tiempo.

Caminamos por las dunas del desierto y observamos al infinito. No puedo creer que enfrente de mi tenga el Sahara... las ninias nos observan sacando fotos y quieren salir en ellas. Poco a poco se convierten en nuestras modelos, decorando con sus sonrisas y sus miradas atonitas nuestras fotografias. Al final, acabamos bailando con ellas mientras cantan y nosotros aportamos con nuestros aplausos. El recibimiento al Sahara se convierte asi en una fiesta.

Casi ya para atardecer, y despues de estar un rato viendo al horizonte, nos damos cuenta que debemos volver pues sin sol no podremos ver nuestro regreso. Las ultimas casitas hechas de barro en las orillas de Timbuktu viven sin electricidad ni luz potable, incluyendo la casa de las ninias que nos acaban de acompaniar. Ya casi para irnos, una de las ninias, -la mas rebelde y la mas feliz para posarnos en las fotos- va a casa por su padre, un hombre Tuareg de aproximadamente 50 anios que nos viene a ofrecer joyeria hecha por el. Ignacio le compra algo para su madre y les damos las plumas que nos quedan a las ninias. Nos despedimos con una sonrisa y regresamos a la ciudad.

Conforme regresamos, tenemos el sentimiento que entramos a una gran urbe, solo por el hecho de contar con algo de electricidad en algunas calles.

Como cambia la percepcion de las cosas dependiendo donde estes.... Ahora el sahara me remite a la arena mas blanca que he visto y Timbuktu a la ciudad mas iluminada y prospera que he visto.





4 comentarios:

Anónimo dijo...

Wow Mabel... Tus relatos son excelentes, reflexivos y nos hacen sentir que estamos allá. Acuérdate que tienes un fan en Santiago; que en verdad está atento para saber cómo vas. Suerte y seguimos esperando tu próxima "entrega". Besos!!!

Kix dijo...

Mi querida Meibol Danzin, me encanta cómo narras las cosas pues clarito siento que me traslado para allá! Y después de ver tu email en donde nos cuentas de la enorme pobreza que hay en ese continente, de pronto me siento viviendo en un mundo de lo más superficial :-(

Te mando un abrazote manis.

tu hermana dijo...

hermana chula! definitivamente el dia de hoy disfrutare mas los pequeños lujos que nos da la vida, espero cn ansias tu proximo relato, tq1ch!

Bubisher dijo...

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